En la noche lisérgica del lunes, paralizado una vez más en la estupefacción frente al circo de la resurrección que desplegaba Javier Milei en el Movistar Arena, me imaginé al Presidente en la piel de Floyd Pinkerton (Pink), el protagonista de The Wall, la película de Alan Parker basada en la monumental obra músico-filosófica de la banda británica Pink Floyd (específicamente, del propalestino Roger Waters), un manifiesto antisistema y antifascismos que permite tantas interpretaciones como personas se expongan a una experiencia fascinante y perturbadora.
Me lo imaginé, después, despatarrado otra vez en su sillón, rodeado por las ruinas de su hotel de lujo prestado, herido y derrotado. Confortablemente adormecido. Y enseguida asistido por los tipos que necesitan que el show siga, pese a que el frontman parece roto, vacío.
Me lo imaginé artificialmente reconstituido para entrar triunfal, todo de negro en sus camperas de cuero, a dar su misa monumentalista, de estética fascistoide, para arengar a sus fanáticos.
Me lo imaginé en el bajón que le sigue al shot de adrenalina, solo frente al muro que construyó, pegando ladrillo por ladrillo con el cemento del ajuste impiadoso sobre el hilo más delgado de la comunidad que gobierna, el desprecio explícito por kukas, zurdos, boluprogres, wokistas, feministas, gays y toda forma de disidencia; medio país al que, como suele decir Marcelo Falak en Letra P, le declaró la guerra.
Me lo imaginé golpeando el muro y preguntándose si queda alguien del otro lado, afuera del núcleo duro de fanáticos, el tercio de la primera vuelta de 2023 al que se propuso cebar en la noche lisérgica del lunes con su show para el club de los convencidos.
En uso de otra licencia más, en un ejercicio de futurismo, me lo imaginé en la noche del 26 de octubre, una hipotética réplica de la del domingo trágico del 7 de septiembre, parado frente al muro y preguntándose si el ajuste tenía que ser tan feroz, si la premisa del equilibrio fiscal tenía que ser tan dogmática, si la guerra a las disidencias tenía que ser tan brutal y si el apego a su círculo de confianza convertido en manchas venenosas (Espert, Karina Milei, Lule Menem…) tenía que ser tan incondicional.
¿Era necesario que (el muro) fuera tan alto?
Fuente Letra P



