LLA reescribió la Ley Tributaria, tensionó por los cargos de la Legislatura y obligó al PRO a negociar por fuera de su propio eje de poder.

Jorge Macri consiguió lo que necesitaba: el Presupuesto 2026 aprobado, la Ley Tributaria votada y el programa de obras garantizado para el año electoral. Pero la sesión dejó algo más que un triunfo administrativo: reveló la nueva correlación de fuerzas en la Ciudad.
En una sesión maratónica, de madrugada, con más reminiscencias al viejo Concejo Deliberante porteño que a la modernización simbólica y de gestión que le imprimió el PRO en las últimas décadas, el gobierno porteño consiguió aprobar las leyes más importantes para blindarse de cierta normalidad en 2026. Los más de 260 proyectos y resoluciones aprobados expusieron también los costos de la parálisis legislativa que imponen los años electorales, que esta vez tuvieron, como si fuera poco, elecciones locales y nacionales por separado.
En ese contexto, la gran novedad fue que La Libertad Avanza, con un número acotado de bancas hizo valer un peso político decisivo para imprimirle su marca a la letra fina del presupuesto, pero también empujó cambios en los tributos y condicionó la arquitectura del cuerpo legislativo, que obligó al PRO a negociar en los márgenes de su propio poder.
El peronismo, que a partir del 10 de diciembre será la primera minoría en la cámara, defendió los acuerdos que selló durante dos meses de negociación, pero lució ciertamente corrido de la negociación fina que desarrollaron los exsocios electorales de la derecha.
Un síntoma de lo escarpada que resultó la negociación fue la reiterada postergación no solo de la sesión, que se programó inicialmente para las 11 de la mañana del jueves y que empezó pasada las 21:30 y se extendió hasta la mañana del viernes, sino también de la reunión de labor parlamentaria que se convocó y postergó en tres oportunidades.
El debate del presupuesto
No obstante, el oficialismo pudo sancionar su presupuesto aunque con un tránsito mucho más áspero de lo que esperaban en la sede de Gobierno de Parque Patricios. La obra pública proyectada para 2026, incluida en la ley de leyes, fue llamativamente el capítulo menos conflictivo en un escenario en el que el gobierno nacional congeló esas partidas y, en consonancia, el Ejecutivo busca poner en valor en un juego de contrastes.
Así, con la centralidad de la movilidad urbana en los números, AUSA mantuvo la prioridad en el paquete vial y la Línea F debutó formalmente en el plan de inversiones como gesto de planificación de largo plazo. Ese núcleo fue el terreno donde el Ejecutivo logró imponer su narrativa.
Distinto fue el escenario del paquete penitenciario. La creación de la Agencia Penitenciaria y la Ley de Ejecución Penal -elaborada por el subsecretario de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios Diego Halperín pero que encontró Claudia Neira, presidenta del bloque peronista una interlocución clave para consolidarlo- le imprimió un impronta garantista. Ese perfil provocó que LLA amenazara hasta último momento con rechazarla, reclamando cambios que desvirtuaban el trabajo de meses, pero el PRO defendió el texto y terminó aprobando un proyecto que, aunque modificado en detalles, refleja más la visión del peronismo porteño que la de los libertarios.
El bloque de Unión por la Patria también disparó sus críticas en lo que consideraron que es la asimetría en la distribución de los recursos, haciendo foco en los escasos fondos contemplados para el Instituto de la Vivienda de la Ciudad, en comparación con la megaobra del Autódromo, una de las prioridades de la gestión actual.

El peso de La Libertad Avanza
La verdadera contienda se libró en la Ley Tributaria. LLA logró imponer la rebaja de Ingresos Brutos a entidades financieras, una medida resistida dentro del PRO por su costo fiscal y simbólico. A partir de allí, avanzó en una serie de modificaciones que reconfiguraron el perfil del paquete económico: actualización de umbrales para alivianar la presión sobre comercios y servicios, ampliación del Régimen Simplificado para sociedades pequeñas y exenciones selectivas en Impuesto de Sellos, desde créditos hipotecarios para primera vivienda hasta operaciones inmobiliarias intermedias.
También consiguió eliminar el tributo que se cobraba sobre los intereses financiados con tarjeta de crédito, un reclamo que el bloque libertario presentó como un guiño directo a la clase media afectada por el endeudamiento.
La negociación confirmó que LLA no fue un aliado ocasional sino el actor determinante de la sesión. Su capacidad de condicionar el contenido fiscal dejó en evidencia que buscarán disputar la impronta del recinto, en lo simbólico pero también en la orientación económica, más allá de los gestos de acercamiento con el PRO que se ensayaron las últimas semanas.
Pese a ser un socio menor, en relación a las bancas, LLA capitalizó su posición de minoría estratégica reclamando incluso el manejo de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, un espacio tradicionalmente reservado al oficialismo que se verá en los próximos días si se concreta.
La batalla por comisiones y vicepresidencias
El debate tributario se superpuso con otra discusión de alto voltaje: la renovación de autoridades de la Legislatura. LLA vetó la continuidad del oficialista Matías López en la vicepresidencia primera, un cargo que históricamente controló el PRO y que forma parte del andamiaje institucional del oficialismo. El ingreso al juego de tensiones de la administración política y económica del palacio legislativo, facilitó el blanqueo de algo que era un secreto a voces: las negociaciones con LLA se estaban realizando fuera de la sede parlamentaria porteña.

Ese canal de negociación, tuvo como protagonista , al procurador general de la ciudad y presidente de la UCR porteña, Martín Ocampo, lo que volvió a poner sobre la mesa la influencia y el rol que cumple el empresario del juego, Daniel Angelici, en la gestión política del oficialismo.
El movimiento dejó al PRO expuesto. La discusión sobre quiénes ocuparán finalmente las tres vicepresidencias quedó abierta y se transformó en una moneda de cambio en la relación entre Macri y LLA. La única certeza es que uno de esos cargos lo volverá a ocupar el peronismo, que hoy está representado por Matías Lammens, en virtud de ser la primera minoría parlamentaria a partir de diciembre.
Los nombres se mantienen en reserva, pero en los pasillos ya circulan listas parciales, vetos cruzados y propuestas que el oficialismo, el peronismo, los ex socios de Juntos por el Cambio y los libertarios intercambian con extrema cautela. La definición, que podría resolverse en las próximas horas o prolongarse como un mecanismo de presión hasta la víspera del recambio legislativo agendado para el 10 de diciembre, se convirtió en un capítulo aparte del reordenamiento de poder en la Ciudad.
Los mismo ocurre, pero hacia adentro de cada fuerza, con la definición de quiénes presidirán cada bloque: sus nombres están condicionados a un rompecabezas en el que entran la autoridades de la cámara y de las comisiones clave.

Un mensaje político para el año que empieza
El resultado deja más que una foto parlamentaria. La aprobación del presupuesto se convirtió en un test de gobernabilidad anticipado. Jorge Macri logró su objetivo institucional, pero a un costo político que ordena el 2026: La Libertad Avanza, con un doble triunfo electoral en su espalda, consolidó su capacidad de imponer agenda y disputar espacios que hasta ahora el PRO daba por descontados.
La Legislatura aprobó el Presupuesto, pero el gesto de poder fue otro: los libertarios demostraron que ya no es una fija que la Ciudad se gobierna desde un solo despacho y que cada votación tendrá su propio precio.
Fuente Letra P


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