Ve el declino del macrismo. Quiere volver al poder con una coalición de centro y frenar el avance de LLA. El valor de la gestión y la incógnita del PJ.

El recambio legislativo porteño de diciembre desplazó a varios “notables” de distintas fuerzas, pero su principal novedad fue el regreso de Horacio Rodríguez Larreta. El exjefe de Gobierno reaparece en un escenario signado por la devaluación del PRO, la fragmentación del centroderecha y el avance de La Libertad Avanza de Javier Milei, que anticipa dos años intensos en la Ciudad.
Larreta vuelve a la escena porteña dos años después de haber sufrido un duro golpe electoral: perdió la interna del macrismo frente a Patricia Bullrich, que terminó siendo la candidata presidencial del PRO y que luego se incorporó al gobierno libertario. En el entorno del exalcalde no minimizan ese episodio, al contrario, lo consideran un punto de inflexión provocado por una lógica exitista, de “ganador anticipado” y que dio lugar a una etapa de reconstrucción política desde una banca legislativa.
“La mala gestión es el caldo de cultivo del crecimiento de los libertarios y ese déficit no puede explicarse sólo por la economía. Horacio gobernó ocho años con realidades muy distintas, incluso con peores indicadores sociales y económicos, y aun así la gestión tenía alto reconocimiento y efectividad”, confía un estrecho colaborador del flamante legislador.

Horacio Rodríguez Larreta: de abajo para arriba
En la sesión preparatoria de hace dos semanas se resolvió que Larreta quede al frente del bloque Confianza y Desarrollo, integrado por siete legisladores, un número nada despreciable que lo posiciona como un interlocutor posible de un oficialismo convertido en tercera fuerza y obligado a tejer consensos para aprobar leyes y reformas.
El exjefe de Gobierno trabaja ahora en la definición de una agenda parlamentaria que le permita volver a la primera línea de exposición política porteña y, al mismo tiempo, ganar tiempo de cara a un eventual regreso -como espera que ocurra dentro de dos años- al Ejecutivo de Parque Patricios.
La ecuación es sencilla: impulsar y lograr la aprobación de proyectos de ley que funcionen como vectores de un eventual tercer mandato y que requieren extensos debates que quiere resolver en los próximos 24 meses. Entre los ejes centrales aparecen la reactivación del soterramiento del ferrocarril Sarmiento -una obra prácticamente paralizada en la Ciudad-, la continuidad de la urbanización de villas y asentamientos y un mayor control sobre las empresas concesionarias de servicios públicos.
Según esta proyección, Larreta llegaría a 2027 con una estructura normativa óptima que facilitaría la reactivación de su método de gestión, al que sigue reivindicando como marca política propia.
Claro que para activar esa hoja de ruta deberá enfrentar el mismo mal de época que hostiga a sus ex socios del PRO: la fragmentación política y su correlato legislativo, que obliga a todas las fuerzas, sin distinción, a construir consensos si pretenden trascender el rol cómodo de simples vetadores, ya sean peronistas, libertarios, macristas o larretistas.

El centro, un sueño eterno
Larreta cree que ese escenario abre una oportunidad para su proyecto, que en el mediano plazo piensa circunscribir al ámbito de la Ciudad, sin proyectarse al plano nacional. La atomización legislativa, sostiene, empuja a las fuerzas políticas a un terreno que le resulta familiar: el del diálogo y los acuerdos programáticos.
A contramano de la decisión de sus excompañeros que dieron por terminada la experiencia de Juntos por el Cambio, el exalcalde vuelve a agitar la idea de un gran frente de centro, una reedición de su viejo proyecto de una coalición que reúna al 70% del sistema político, con exclusión del kirchnerismo. En una actualización doctrinaria de ese esquema, el mileísmo también estaría desterrado de las fuerzas del centro.
Convencido de que el PRO no tiene un horizonte promisorio -es más, si se lo apura podría incluso prescindir del adjetivo-, la conformación del bloque Confianza y Desarrollo funcionó como un primer ensayo de ese armado. Bajo el mismo paraguas conviven legisladores del MID, de Confianza Pública que responde a Graciela Ocaña y del larretismo puro. El paso siguiente sería una negociación con el radicalismo que, pese a la debacle electoral, conserva cinco bancas en la Legislatura porteña, aunque por ahora esos acuerdos se limitarían a pactos circunstanciales para leyes puntuales, sin una fusión en el corto plazo.
¿Y el peronismo? En el larretismo descartan de plano cualquier acuerdo con el kirchnerismo, pero dejan la puerta entreabierta a aquellos sectores del PJ porteño no alineados con Cristina Fernández de Kirchner. Eso sí, exigen pruebas de amor: “Horacio se animó a romper con Mauricio Macri para construir su propio proyecto. Los sectores del peronismo metropolitano que dicen en privado estar alejados de Cristina deberían blanquearlo para que podamos hablar en serio”. El 2027 ya está en marcha.
Fuente Letra P


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